lunes, 9 de octubre de 2017

La Azucena de Miel. Por Ariel Mastandrea



I
A la Azucena de Miel le dolía el dolor.
Pobre, ella tan linda y perfumada le tenía que suceder cosa tan triste.
Se había levantado temprano ese día entre los juncos de Enero y en seguida se dio cuenta.
Sintió ese vientito leve por detrás que le llaman "Como que Sí, Como que No" y que empuja las cosas importantes.
- "El vientito aclarador ", pensó pensativamente la Azucena de Miel.
Sin esperar más se tomó la temperatura chupándose el dedo. En seguida le marcó.
Le dio en celeste, cosa que era difícil.
Le podía haber dado en amarillo, en blanco o en rosa, pero no, le dio en celeste.
Cuando da en celeste, es que en cualquier momento va a llover a un costado del alma.
Era tan preocupante que se siguió chupando el dedo, esta vez con más profesionalismo.
Un loro guacamayo contrabandista, que justo pasaba por allí volando y la vio, gritó:
-¡Una azucena chupándose el dedo, señal de que quiere comprar algo!
Bajó rápido para hacer su negocio. Saludó quitándose su galera a cuadritos, abrió la bolsa donde traía su mercadería y en seguida comenzó con voz chillona la venta:
-"Tengo todas las llaves para abrir la puerta de la buena suerte; collares para los lunares y cintas para atar la nostalgia; cartitas ya escritas para carteros y pañuelos ya prontos para saludar. Tengo un diente que se ha perdido; un dedal para bordar sin pincharse y una aguja que cose sola…."
Cuando iba a continuar con su innumerable lista de productos, ella lo interrumpió.
-Me duele el dolor y no puedo comprar nada.
El loro guacamayo contrabandista se sorprendió.
Por lo general a los que le duele el dolor resultan ser sus mejores clientes.
La miró fijo y luego con su experiencia de mundo le preguntó:
-Pagaste todas tus cuentas? Tienes deudas con remordimientos o estás en clearing existencial?
-No debo porque no he comprado nada últimamente - le respondió la Azucena de Miel.
-¿Cuánto tiempo es últimamente?- preguntó el loro.
- Mucho tiempo- dijo la Azucena de Miel.
-"Mucho tiempo sin gastar es mal negocio para el ganar"- pensó el loro guacamayo contrabandista.
Lo que más le molestaba era una primer venta fallida.
Traía mala suerte. Y era tan temprano.
Reflexionó un poco con su astucia de comerciante y al final le dijo:
-Seguro que has perdido algo y no te acuerdas, busca en tus bolsillos, a lo mejor encuentras alguna cuenta pendiente y por eso te haces mala sangre. Cuando pagues todo lo que debes, volveré.
El loro guacamayo, refunfuñando se volvió a acomodar su galera a cuadritos, metió toda su mercadería en la bolsa y partió entre las nubes recién manchadas de rosa de la aurora.
Tenía razón en parte.
Al final del dolor, allá en el fondo, escondido entre los bolsillitos de la suerte, la Azucena de Miel encontró una cosa pendiente.
Era un papelito en blanco, lo que quiere decir que es ese tipo de cuenta que no es ni una suma ni una resta y tenía esa transparencia que se siente después de saber que uno no tiene la culpa; y peor aún, uno se ha olvidado.
El dolor se le aclaró un poco, pero no estaba muy segura.
No se puede confiar en los bolsillitos de la suerte.
Y menos si uno tiene una fiebre en celeste que forma charquitos perfumados.
Se acordó entonces que su madre, la Azucena de Maicena le decía siempre:
-"Cuando uno tiene problemas, hay que trabajar para encontrar la respuesta."
Así que se decidió a trabajar, a hacer lo que mejor sabía hacer en su tarea de flor: perfumó.
Perfumó y perfumó solitariamente antes del amanecer.
En seguida le llovió un poquito al costado del alma, se formaron charquitos que la miraban, que le decían dulcemente en celeste:
-"Tu no tienes la culpa .Tu no tienes la culpa….."
Se sintió un poco mejor al sentir esas voces amigas que son los charquitos propios del trabajo reconfortante.
Pero no alcanzaba, igual le dolía el dolor.
Menos, pero le dolía.
Así estuvo durante todo el transcurso de la Aurora, entre las tinieblas que viajaban, iban por aquel dolor y venían, daban la vuelta y volvían.
-Me duele el dolor y yo no tengo la culpa, decía, languidecía la Azucena de Miel,
lloraba, formaba charquitos celestes perfumados.
II
No hay nada más raro, más hermoso ni más triste, que el perfume adolorido de una azucena de miel.
En seguida, al olfatear eso tan lindo, se fueron despertando poco a poco los más mañaneros de los habitantes del Bosque Secreto.
-¡La Deuda pendiente! –Dijeron a coro los Peces Dorados Japoneses que habitaban El estanque de la Primavera; lo reconocieron en seguida, se zambulleron en lo oscuro de la transparencia de Enero.
¡La Culpa pendiente! –dijeron, dieron sus explicaciones, burbujearon en japonés, chapotearon dando sus versiones de peces de grandes colas de gasa y de tul.
Pero como lo hicieron en su lengua dibujada nadie entendió nada.
Era demasiado dorado.
Y era demasiado temprano.
Recién comenzaba a despertarse El Día y todo estaba como recién inventado.
O antes.
En medio de la bruma, las cosas apenas se dibujaban solas y como no tenían goma de borrar, tenían que hacerlo de memoria; a veces se equivocaban y tenían que empezar de nuevo.
Al final, después de muchos intentos, todo quedó más o menos pronto y lo suficientemente pensativo como para poder despertarse de los sueños de la noche.
Se encendió una luz brillante.
Los habitantes del Bosque Secreto se desperezaban y abrían sus ventanas amarillas una a una; y otra y otra, cuchicheaban, sumaban, dividían, restaban de la situación, se equivocaban en la cuenta y ninguno se animaba a preguntar qué significaba aquel perfume tan raro de la mañana.
No sabían lo que es el dolor del dolor proveniente de la Azucena de Miel, que viene en esos frascos hermosos y antiguos de ámbar.
-Es un problema de deuda con culpa, dijo la Lechuza, muy segura en su sabionda experiencia.
-Es una culpa pequeña, con saldo y dolorosa, agregó la Retama en Flor.
-Es tan pequeña y por eso duele y es hermosa, subrayó la Anémona de la Siesta.
-¿Qué es la deuda ?- preguntó el Botón Azul de la Camisa a la Cuchara Habladora, que siempre fue un poco tonto al abotonar preguntas en el ojal de las conclusiones, pero muy despierto entre los primeros en despertarse ante la novedad.
- Ladeudaesesoqueseguardaenelpechocomounacondecoración, quedabonito y brilla - dijo la Cuchara Habladora con su voz chillona y que como todo el mundo sabe siempredicetodoloquepiensaynuncatuvopelosenlalengua .
-Pero a Nadie le gustan las deudas con culpas- dijo inmediatamente el Sicomoro Blanco del Sendero, que era como todos los Sicomoros, demasiado prolijo, miope y sensato como para poder comprender las diferencias de las tonalidades de las cosas importantes.
-Por eso , precisamente , Nadie No es Todos – aclaró la Cuchara Habladora – alosque lesgusta , lesencantanlascondecoraciones!
-Y cuanto más les gusta, más les brillan las condecoraciones en los supermercados – sentenció la Lechuza, que había estado escuchando sin decir palabra desde el principio, mientras arreglaba sus huevos pintados de verano adentro del nido mañanero.
-Ylopeores – dijo irónicamente la Cuchara Habladora– quealosquenoslesgusta, no lesbrillanadaenelpecho!
-¿Tiene que brillarle algo en el pecho?- preguntó el Conejo Blanco de Todos los Días.
- Precisamente – dijo la Lechuza – algo le tiene que brillar que sea bonito.
-¿Es necesario eso?- preguntó el Faisán Egipcio, mientras arreglaba sus hermosas plumas tornasoladas -Yo no tengo ninguna condecoración por deuda y mi pecho es muy bonito.
La Lechuza se indignó ante aquella presunción insolente.
-No estoy hablando de lo que está afuera, sino de lo que está adentro del pecho- dijo muy ofendida La Lechuza – de lo que se adeuda con dolor sin uno saberlo.
Y en seguida le dio la espalda a la situación.
Se hizo un silencio opaco entre las cosas que no se atrevían.
Al final tosió un poquito una observación:
-La Azucena de Miel tiene en su interior una culpa que perfuma dulce y triste en su deuda, tendría que encontrar la forma de perfumar otra cosa que no le duela – dijo el Conejo Blanco de Todos los Días.
Aquello fue muy inteligente de su parte, pero no alcanzaba para solucionar lo dulce y adolorido del dolor. No era una deuda convencional la de la Azucena de Miel.
-¿Será lo único que tiene para perfumar?- preguntó la Retama en Flor.
-Seguro que es eso – contestó La Araña Tejedora – seguro que es eso, continuó diciendo mientras tejía su telar de seda para que no se le escapara ningún poquito del néctar dulce del rocío de la Aurora; con eso después hacía unos caramelos a rayas que eran riquísimos.
-¿Y qué tiene que brillarle que no sea la culpa, si es lo único que tiene?- dijo sin darse cuenta el Botón de la Camisa, que por fin logró ojalar algo a su destino de botón inseguro.
-Ese es el problema- sentenció definitivamente la Lechuza – es demasiado temprano para encontrar la solución.
-"Nunca es demasiado temprano para eso "- pensó el Pensamiento Azul del Río.
Pero como todos los pensamientos son mudos en su azular, se quedó mudando en su tierrita húmeda y sin decir nada.
Así que nadie sabía como responder a este problema del perfumar adolorido de la Azucena de Miel.
III
Todos pensaron y pensaron mucho y como no tenían ni la más remota idea de cómo solucionar esto, al final se decidieron, fueron a preguntarle a las primas hermanas de las azucenas, las violetas, que como todo el mundo sabe, además de ser las más discretas, tímidas y escondidas de todas las flores, son las señoritas más estudiosas del Bosque Secreto, las más curiosas e inteligentes.
Golpearon suavemente a la puerta de sus frondosas verdolagas bajitas.
Como de costumbre nadie respondió.
Volvieron a golpear más fuerte. Y nada.
Y a golpear. Y nada.
Siempre era así, las violetas demoraban en contestar porque son muy tímidas y precavidas, no le abren la puerta a nadie si no lo conocen.
Y si lo conocen igual dudan, por las dudas.
Cuando se ocultan - que es casi siempre detrás de sus verdolagas bajitas- es que están estudiando, investigando alguna cosa.
Ni bien se enteraron pusieron el grito en el cielo, se llenó el aire de un perfume violetante de violetas.
-¿Un dolor del dolor- preguntaron a coro –y le llegó con el vientito "Como que sí, Como que No"?
-Exacto – respondieron los Sauces Llorones a un costado del Río.
-Exacto – repetían en sus murmullos de follajes el Ñandubay y el Cerezo de los Llanos.
-¿Y vino con una fiebre en el alma que da unos charquitos celeste?
– Exacto, exacto – susurraban las Olitas del Aire que iban y venían peinando los largos cabellos de La Mañana entre las aguas verdosas de Enero.
-¡Huy! ¡Que tremendo!- se escucharon varias voces a coro por detrás de las verdolagas.
-¡Huy! –dijo una violeta asomando la cabeza y volviendo a esconderla inmediatamente.
-¡Huy!- dijo otra que hizo lo mismo y como se equivocó al meterse de nuevo, perfumó más de la cuenta con aquel perfume violetante.
Hubo como un murmullo confuso .Después otro más claro que titubeó.
Lo confuso y lo claro dialogaron, en algún momento se pusieron de acuerdo y al final todo se volvió más transparente.
-Investigaremos, dijeron por fin a coro las violetas, muy nerviosas desde su timidez escondida.
-Encontraremos la respuesta, buscaremos una solución en nuestra biblioteca.
Esa era la respuesta que esperaban todos los habitantes del Bosque Secreto.
Le siguió un suspiro de alivio en la mañana que se mojó en el Néctar del Entusiasmo e hizo revolotear a miles de mariposas blancas alrededor de los limoneros en flor.
Todo parecía encaminarse hacia una solución.
Pero había que esperar un poco.
¿Cuánto?
Nadie lo sabía.
Dependía de las señoritas estudiosas que se esconden tímidamente entre las verdolagas bajitas.
IV
Sucede que las Violetas recurren para solucionar todos los problemas a su gran biblioteca.
Escondida de la mirada de todos, en lo profundo y en contacto con los grandes secretos de la Madre Tierra, hay una biblioteca que tiene la forma de una gran Nuez de Nácar con la boca abierta. Toda en blanco y con puntillas con canutillos de lentejuelas en los bordes.
Allí, en el centro, hay una sala con mesitas y estantes llenos de libros envueltos cada uno en un pañuelo de diferentes colores para protegerlos de la humedad.
Cada librito está en un estante y hay infinidad de estanterías alrededor de las mesas, todo formando como un laberinto con forma de flor.
Administrativamente es así:
Cuando hay horario de atención al público la Nuez tiene la boca abierta; cuando se termina el horario se cierra la boca con todos sus volados y festones; las violetas bibliotecarias ordenan, pasan el plumero y apagan las luces de las mesitas, colocan un cartel que dice:
"Mañana volvemos. Hay que Abrir para Saber." Y más abajo en letra pequeñita y muy prolija:
"Horario de atención al público según la Necesidad del Interés".
En ese nido de nácar de la sabiduría de las violetas se encuentran las respuestas a todos los problemas.
Y no es nada fácil leer esos libritos.
El problema principal es que hay preguntas que no se saben preguntar.
Y hay respuestas que dudan y no alcanzan a responder a nuestras necesidades.
También sucede que hay algunos que cuando llegan a encontrar las respuestas, la vida les cambia las preguntas, y hay otros que cambiando continuamente de vida no alcanzan a ninguna pregunta.
Para estas cuestiones interesantes están las bibliotecas, para saber hacer lo correcto estudiando estos problemas difíciles.
Y para eso están la bibliotecarias violeteras, para orientar a los que van a su biblioteca.
Así que estas señoritas se pusieron a trabajar muy prolijamente en su problema perfumado.
Según se dice fue así:
Las violetas comenzaron buscando primero en “Geografía” que era un pañuelo azul con un libro muy grande con gran cantidad de mapas marineros doblados cuidadosamente que tenían olor a sal.
Preguntaron dónde quedaba el “Dolor del dolor”.
Pero sucedió que no encontraron en los mapas, ni río, ni ciudad, ni montaña, ni valle, ni un océano de calles que les diera información. Ni siquiera el Mar que todo lo conoce y abraza conocía ese lugar. Ninguna brújula sabía de semejante dirección ni podía señalar el norte o el sur de ese territorio de tan curiosa sensación sin fronteras.
Buscaron después en “Matemáticas”, que era un pañuelo amarillo que contenía varios libritos con números que sumaban, restaban sin cesar y se oía continuamente como un murmullo coral de fondo que recitaba las tablas de multiplicar.
Algunos sacaban la cuenta muy bien, otros se equivocaban y tenían que empezar de nuevo.
Las violetas no tuvieron tampoco suerte allí.
No encontraron ni la ecuación ni la fórmula para saber cómo un Uno puede llegar a ser un Dos , así que era muy difícil que llegaran alguna vez a saber - por más que restaran, dividieran o sumaran cantidades infinitas- lo que era el Dolor en el estado simple del Cero.
.
Cuando le preguntaron al libro de la “Física”, que estaba envuelta en un pañuelo negro y fumaba continuamente un habano, esta señora alta y desgarbada en esos precisos momentos andaba muy entusiasmada con sus poleas y sus péndulos. Pero no estaba de muy buen humor .
La señora no consideró muy científico preguntar sobre sistemas que no se podían medir.
Y mucho menos se podía soñar en evaluar una sustancia que no se podía pesar.
-“¿Qué densidad tiene un charquito celeste perfumado?”- preguntó irónicamente en medio de un chistido, luego canturreó algo indefinido y continuó fumando y haciendo girar la noria alrededor de sus físicos molinos.
Con la Química tuvieron igual suerte negativa.
Sucede que esta buena señora, que siempre es muy solícita y aplicada, aunque lo intentó con mucho interés, el resultado fue una nueva fórmula incomprensible: D2 o d3= D1+ (1?) = (-1) que como se ve no aclaraba mucho en materia de dolores adoloridos.
Más bien lo contrario si no se sabe de química avanzada.
Como el mundo no es muy avanzado ni en química ni en ningún otra cosa, las violetas continuaron buscando.
Al final de tanto buscar y buscar, tuvieron suerte.
Fue así:
En algún momento encontraron al pañuelo de la “Filosofía”, que era blanco con muchos libritos interesantes que acariciaban.
Como a todo el mundo le gusta que lo acaricien, las violetas se demoraron un poco, se dejaron acariciar filosóficamente, charlaron un rato y luego continuaron con el color naranja del pañuelo del Entusiasmo.
Este pañuelo que es a lunares y con rayitas les mostró infinidad de libros interesantes.
……
Así dieron con el librito de la Psicología, que tenía muchas ganas de conversar sobre sus vidas privadas, pero por suerte, a las violetas no les gusta mucho hablar de sí mismas, así que siguieron directamente hasta "Síntomas del Corazón", que era un libro que estaba lleno de pañuelos de muchos colores que saludaban a todos los que pasaban por ahí.
Allí dieron con lo que estaban buscando.
Se abrió una puertita roja en la interioridad de la biblioteca con forma de Nuez de Nácar y entonces sonó un acorde con sonido de violín que puso muy contentas a las violetas.
Habían dado con la tecla.
Inmediatamente convocaron a todos los Habitantes del Bosque Secreto para dar el informe de su descubrimiento.
-El pecho de la Azucena de Miel está un poco seco , le falta un poquito del brote de Esperanza que la retoñe , por eso le duele el dolor- dijo una violeta que tenía una cofia nueva y como quería que se notara movió un poco la cabeza por delante de las verdolagas .
Al esconderse después, se arrepintió de su acto de valentía narcisista y lloriqueó de los nervios.
-¿Y cómo hacemos para solucionar ese problema de que le brote la Esperanza?- preguntaron los habitantes del Bosque Secreto.
-Hay que regarla – dijeron a coro las violetas por detrás de las verdolagas.
-¿Y con qué vamos a regarla? – preguntaron.
- Esa es la parte más difícil – respondieron unas vocecitas violetantes -le falta el Riego del Amor a su Corazón. Esa es su cuenta pendiente.
La Violeta de los Alpes – que es la Directora de la Biblioteca- tomó coraje, dio un paso al frente y asomó su cabeza pelirroja entre las verdolagas, dijo con voz clara y muy circunspecta:
-La soledad es un perfume dulce y raro que perfuma a la más hermosa flor.
Nadie tiene la culpa por eso, pero igual perfuma, deja en el pecho su tristeza y vuelve a perfumar.
Dijo esto tan sólo e inmediatamente se escondió de nuevo.
Se oyó como un largo suspiro de violetas y luego unos breves aplausos por detrás de las verdolagas.
V
Así que el dolor del dolor estaba relacionado con lo solo de la soledad.
Era eso.
Tan simple y tan difícil.
Recién entonces los habitantes del Bosque Secreto se dieron cuenta de lo solitaria que vivía la Azucena de Miel.
Vivía muy lejos de todas las cosas , entre los juncos y las Piedras del Río de Los Sueños que no son muy proclives a la conversación y ocultan sus secretos a las miradas indiscretas; a dos cuadras de los Pensamientos Azules que son mudos y siempre están muy concentrados y tristes , pensando en su azular .
-¿Qué cosa se les ocurre que podamos hacer? Preguntaron en rueda los habitantes del Bosque Secreto.
-Podemos ir a tejer los lunes y enseñarle el punto cruz y el punto carozo – dijo la Araña Tejedora.
-No creo que le interese el tejido – dijo la Ardilla del Sacramento Pascual- cada hilo solitario busca su destino en un bordado con otros muchos hilos. Ella solamente usa un trajecito de seda y éste está hecho de un solo hilo de pétalo rosa.
-Podemos ir a visitarla los jueves para tomar el té y hablar de cosas interesantes– dijeron las Hortensias.
-Las cosas interesantes ya no son tan interesantes cuando se perfuma en soledad- replicó con un suspiro la Ardilla del Sacramento Pascual.
-Podemos enseñarle a estirar su cuello para que se vea más bella – dijeron los Tulipanes elegantes.
- Nonecesitasermásbella – dijo todo junto la Cuchara Habladora con su voz chillona:
¡Sifueramásbellatendríamuchosmásproblemas!
-¿Qué se les ocurre entonces?
-Se nos ocurre Esto y lo Otro – dijeron los habitantes del Bosque Secreto.
Pero ni Esto ni lo Otro coincidían con el Sí y el No de la solución.
Más bien todo se ponía de acuerdo con el vientito aclarador Como que Si, Como que No, que es el que da las fiebres en celeste que causan dolor y que nunca aclaran nada.
No había forma de encontrarle respuesta al problema de la perfumada soledad de miel de la azucena. Nadie sabía cómo se regaba la soledad.
Todos pensaron y pensaron mucho, pero no encontraban nada.
Claro que siempre se lo puede seguir intentando, aún con las cosas imposibles.
Y también con las impensables.
-Habrá que importar bulbos de azucenas - dijo en un inesperado y salvador final la Lechuza.
Hubo como un momento de estupefacción general, luego surgió como un chillido:
-¡Yquesearápido , sinoestapobremuchachasenosvaaajardesoledadperfumada!- dijo a los gritos y todo junto la Cuchara Habladora- queporsuertenoteníapelosenlalenguaysiempredecíaloquepensaba.
Esa parecía ser la respuesta más aproximada.
Y había que apurarse.
Así que fueron unos delegados del Bosque Secreto – entre ellos el Conejo Blanco de Todos los Días y la Ardilla del Sacramento Pascual- a solicitar los servicios de los Hormigos Rojos Expertos en Computación.
VI
Como todo el mundo sabe, estos muchachos modernos viven a la sombra de los crisantemos en flor, en un nido muy grande, todo desordenado y lleno de enchufes, resortes, cables y botones de colores. Todo un lío muy grande con partes de alta tecnología.
Los Hormigos Rojos Expertos en Computación son muy sociales, siempre están dispuestos a ayudar al prójimo y se la pasan conectados con el mundo a través de los hilos transparentes y siempre frescos del Conocimiento de Todos virtual.
Por supuesto, la mayoría de ellos son o muy gordos o muy flacos. Todos usan barba, lentes, comen galletitas con queso, usan pantalones cortos con sandalias y tienen fama de ser irresistibles por ser tan extrovertidos y enamoradizos.
Ya Conocían el problema.
Sucede que precisamente en esa semana, estaban intentando negociar con las violetas la posibilidad de crear una Gran Biblioteca Virtual, pero tenían serios problemas con las inseguridades de estas flores.
No había forma de lograr acceso a la enorme colección de libros y pañuelos, ni había oportunidad de dialogar entre esas señoritas tan tímidas y escondidas con aquellos caballeros tan enamoradizos.
Ni bien golpeaban a la puerta los internautas, se desmayaban de la emoción las bibliotecarias por detrás de las verdolagas, que temían rendirse ante el empuje irresistible del perfume de las nuevas tecnologías.
No era para menos.
Hacía unas pocas semanas que estos enérgicos e inteligentes muchachos habían logrado un servidor que era una delicia, saludaba, contaba cuentos muy imaginativos y daba besos a todo el mundo que se acercaba.
Justamente ese día habían instalado para uso público, un precioso computador ámbar con su torre de marfil, su impresora de colores claros y su antena propia con forma de flor.
Era tan avanzada esta computadora que el ratón venía hasta con su gato y era tan potente que hasta tenía una memoria desmemoriada por si acaso, un disco duro que también era blando de corazón para las cosas enamoradas, e innumerables colecciones de imágenes animadas y con música perfumada para hacer más bonitos los emails.
Fueron ellos, Los Hormigos Rojos Expertos en Computación, los que colocaron el siguiente mensaje en internet:
"Se solicita importar bulbos de azucen@s para poblar desolado panorama perfumado.
El envío debe ser hecho a El Bosque Secreto, el Lugar Más Transparente del Día.
Se paga con Agua Fresca no contaminada y sin aditivos químicos.
Se aceptan tarjetas de Master Flower Point y Dinner Pink. Favor de divulgar este mensaje entre sus contactos para beneficio de una culpa no responsable de su dolorido perfumar. Muchas Gracias. "
Ni bien colocaron el mensaje y apretaron “Enviar” el correo le dio un beso al servidor, éste cantó en tirolés y silbó unos segundos.
Y ya estaba hecho.
La oferta era muy tentadora y sabían que iban a tener una respuesta.
A los tres días llegó a El Bosque Secreto una caja grande toda violeta y con estampillas dibujadas muy bonitas de Hong Kong.
En su interior había muchos bulbos de azucenas y azucenos todos mostrando sus cabecitas redondas y dormidas envueltas en delicado papel celofán.
Esa misma noche y sin que la Azucena de Miel se diera cuenta , La Lechuza y El Conejo Blanco de Todos los Días escarbaron la tierra fresca y plantaron muy cuidadosamente todos los bulbos alrededor de la flor adolorida del dolor.
VII
Pasaron siete días.
En el primer día salió muy brillantemente el sol y todo estaba tranquilo y bastante prolijo.
Cada cosa estaba en su lugar y como simulando que no estaba por lo ansiosa.
En algún momento, alguien muy nervioso hizo como un garabato en el aire, luego otro con un chistido seco, lo borró.
En el segundo día llovió y nada se escuchó.
En el tercero siguió lloviendo y llovió y llovió y cuando parecía que iba a escampar,
no escampó.
Así que fue muy difícil saber cuando llegó el día cuarto, o el quinto, porque en lugar de llover, lloviznó y algo tosió un poquito y empezó a cantar.
No se sabía qué cosa era ese canto por lo raro.
En el sexto día salió otra vez el sol y se sintieron unas vocecitas que cuchicheaban desde el interior de la tierra.
Recién al séptimo día, al despertarse los habitantes del Bosque Secreto, se dieron cuenta que el perfume mañanero había cambiado un poco y que ya no era tan adolorido en su belleza.
¡Que maravilla que era aquel perfume!
Fueron todos corriendo hasta donde vivía la Azucena de Miel.
Alrededor del nuevo Perfume de la Felicidad, había una rueda de pequeñas cabecitas de azucenas y azucenitos que acompañaban a la miel. Eran unos pimpollitos muy simpáticos y con muy buenos modales, sonreían a todo el mundo y se inclinaban respetuosamente con gracia para saludar.
Ni bien uno se acercaba para socializar, ya se tendían unos bracitos en busca de un beso.
Los que tuvieron la suerte de abrazar a aquellos pimpollitos, jamás olvidaron la tibieza y el perfume de esos besos blancos y rosados recién mojados por el rocío de la mañana de su nacimiento.
La Azucena de Miel en medio de su entusiasmo estaba un poco desconcertada.
Los pimpollitos hablaban en japonés.
Nadie entendía nada y había que tener mucho cuidado con los gestos , al menor movimiento brusco ya se ponía un pimpollito a lloriquear y luego le seguía otro y otro , hasta que era una rueda de llantos de pimpollos japonésicos.
Era bastante fácil cambiar el ritmo de las cosas, apenas bastaba con un simple beso en violeta, o unos cuantos mimos azuceniles con gusto a violín y ya estaba.
Pero igual había que cuidar los gestos inútiles.
La Azucena de Miel se puso muy nerviosa y se comenzó a chupar el dedo, cosa que hizo a los pimpollos desorientar más de la cuenta y en seguida comenzaron a lloriquear de nuevo.
Y cuanto más se desconcertaba la Azucena de Miel, más se chupaban el dedo y más lloraban los azucenitos.
Y lo peor fue que a ella le empezó a llover otra vez en celeste.
Poco, pero en celeste clarito a un costado del alma.
-Habrá que contratar a un traductor o a un profesor de idiomas – dijo dudando un poco La Lechuza.
-¡Queseaunprofesorazuceno!- recalcó La Cuchara Habladora-¡ Paraqueestosesolucionedeuna buenvez! ¡Novayaasercosaquenopodamosnidormirconelperfumedelosnuevosproblemasdela felicidadqueseavecina!
Y lo dijo todo tan claro, tan seriamente junto y a los gritos que a nadie le cupo ninguna duda ni discutió.
Así que fueron otra vez urgentemente a solicitar los servicios de los Hormigos Rojos Expertos en Computación.
VIII
Justo ese día, que era jueves, los hormigos ingenieros habían logrado mejorar aún más la memoria de la computadora de ámbar. Ahora ésta podía memorizar lo que iba a ser escrito mañana y a olvidar lo poco interesante de las faltas ortográficas del día de ayer.
Tenía tanta velocidad que antes de haber llegado a contactar con un satélite, ya éste había vuelto hasta con las gracias y saludos de los que aún no habían recibido nada.
Mareaba un poco, eso sí.
Era una máquina a la que había vigilar para que no se entusiasmara demasiado.
Pero para eso estaban los Hormigos Rojos Expertos en Computación.
No vacilaron ni un instante.
Inmediatamente fue lanzado por internet el mensaje siguiente:
"Urgente. Única oportunidad para profesionales inteligentes. Se solicita azuceno profesor de idiomas que sepa traducir del japonés. Favor de dirigirse a El Bosque Secreto en el Lugar Más Transparente del Día. Se paga sueldo con abono orgánico absolutamente natural y sin aditivos químicos. Abstenerse intermediarios. Se solicita difundir este material para beneficio de la cultura y el afecto de todos. Muchas Gracias."
La oferta era muy tentadora y muy práctica en estos tiempos que corren, sobre todo cuando va el email cantado en tirolés y todo se repite melodioso con un eco.
Al noveno día vieron aparecer por el sendero de los Sicomoros Azules a un personaje que venía con una valija.
IX
Todos están de acuerdo en que era muy estilizado.
-“Tiene un buen lejos y un buen cerca”- había dicho con su renombrada capacidad de síntesis - la Retama de la Siesta que fue la primera que lo vio llegar.
Era cierto.
De lejos parecía dibujado, de cerca parecía bordado.
Era un azuceno profesor japonés, licenciado en literatura que sabía muchos idiomas.
Todo un verdadero caballero, muy apuesto y perfumante, alto, con muchas ideas y muy prácticas.
Lo primero que hizo fue organizar un kindergarten , todo ordenado y precioso alrededor de los azucenos pimpollitos, e inmediatamente se puso a trabajar .
Y trabajó y trabajó. Con empeño, con arte profesional e imaginación.
Hizo que todos los pimpollos aprendieran a leer jugando con máscaras de colores, ensayar el abecedario con música, pintar con la risa los innumerables dibujos de la geometría y a cantar con las voces sonoras de las matemáticas.
Hasta logró, más adelante, representar obras de teatro de eso tan conocido por todos, que es el Teatro Si japonés.
Causaba estupor el ver las cosas tan sensibles y mágicas que lograba con sus discípulos.
Pronto la Azucena de Miel sintió que desde algún lugar algo le sucedía, no sabía muy bien qué, pero le gustó el sabor de aquello tan sorprendente que le hacía salir brotitos clorofilianos de entusiasmo.
Así que aplaudió, y tuvo que aplaudir y aplaudir.
Y siguió aplaudiendo por mucho tiempo hasta que casi se despetala.
Sucedió que la actividad del Profesor Azuceno japonés fue mucho más allá de lo previsto en su destino.
Era muy energético aquel licenciado en Letras, muy ejecutivo en sus tareas educativas.
Durante todo un año estuvo entrenando a los lirios amarillos, a las bromelias, a los narcisos, a los crisantemos y a los claveles rojos y blancos en las artes de la más moderna pedagogía para niños.
Al final logró toda una nueva generación floral de profesores de:
Matemáticas del Jugar, Filosofía de lo que Es Claro, Geografía de lo Importante, Historia de lo Honesto, Cosmografía de lo Azul, Gramática de lo que se Habla, Literatura Dibujada, Química de lo que es Sano, Gimnasia de lo Posible y Manualidades con Hule y Nueces.
Todo muy sensato y útil como se ve.
Los habitantes del Bosque Secreto estaban muy impresionados y contentos con aquel nuevo ciudadano emigrante que colaboraba tanto por la comunidad.
A partir del momento en que la Azucena de Miel se graduó con honores y formó parte del Personal Docente de la Infancia de Las Flores, no le sopló más el vientito aclarador "Como que Sí , como que No " de la soledad , dejó de chuparse el dedo para tomarse la temperatura y no le llovió más a un costado del alma en celeste.
Sintiéndose útil por fin en la tierra que la vio nacer, le llovió para siempre en rosado, que es el agua del espíritu y el perfume correcto para las Azucenas de Miel.
Desde entonces en el lugar donde antes había una sola flor, ahora hay infinidad, miríadas incontables de flores que perfuman pensativas, dialogan, crecen e iluminan con la interioridad de sus pechos dichosos los bordes frescos del Río de los Sueños.
Ariel Mastandrea.