viernes, 10 de marzo de 2017

​EL REMEDIO DE LA LITERATURA INFANTIL Y JUVENIL

Por PEDRO PARICIO AUCEJO

 Todavía conservo los primeros libros de lectura de mi infancia. Son ejemplares -más desgastados por el paso del tiempo que por su uso- de rústicas ediciones populares, con encuadernación de tapas duras y sencillo diseño. Fueron fruto de los regalos con que me obsequiaban familiares y allegados en determinadas celebraciones del año. Su interior ofrecía la amenidad de elementales ilustraciones y la emoción de peripecias extraordinarias. En unos casos, eran obras inicialmente escritas para adultos que, por su éxito, se adaptaron al mundo infantil como auténticas joyas de la literatura. En otros, se trataba de creaciones estrictamente dirigidas a los menores. Su temática oscilaba desde las aventuras de trasfondo histórico a los relatos moralizadores, las ingeniosas fábulas, las modélicas biografías o los cuentos clásicos. El 'Robinson' de Defoe, el 'Gulliver' de Swift, las 'Veinte mil leguas de viaje submarino' de Verne, los 'Cuentos' de Perrault y Andersen... son algunos de los títulos que perviven en mi recuerdo de aquellos tiempos.


Pero fue 'Corazón', del italiano Edmundo de Amicis (1846-1908), el que más se grabó en mi memoria. Se trataba del diario escolar de Enrico -alumno de tercer grado en una escuela municipal turinesa-, que anotaba los principales acontecimientos del curso y los momentos especiales que iban marcando su existencia. Compañeros de clase, alegrías, tristezas y demás sentimientos íntimos de este muchacho van desfilando por sus páginas, entremezclados con las cartas dirigidas a sus padres y con emotivos cuentos mensuales. Publicado este libro en 1860, no solo permite adentrarse en los entresijos del alma infantil sino contemplar la sociedad y la ideología de su tiempo, de los que constituye un verdadero documento histórico.

Este tipo de literatura -que caldeó el ánimo lector de muchos jóvenes de mi generación- fue denostado académicamente durante largo tiempo. Sin embargo, en nuestro país, tuvo en la madrileña Carmen Bravo-Villasante (1918-1994) su firme defensora. Esta polifacética mujer, apasionada de la cultura alemana, fue filóloga y folclorista, escribió poesía y artículos para la prensa, cultivó extensamente el género biográfico (Valera, Pérez Galdós, Pardo Bazán.), redactó prólogos, tradujo cuentos y se relacionó incansablemente con el mundo cultural de España, Europa y América. Pero, sobre todo, fue pionera en el estudio universitario de la literatura infantil y juvenil, que tuvo su refrendo en 1980, con la concesión del Premio Nacional de Literatura Infantil por su labor de investigación. Durante muchos años impartió conferencias y cursos sobre esta modalidad literaria, publicó diversidad de obras al respecto (antologías, diccionarios, ensayos, libros de historia.) y, tanto en el ámbito nacional como en el internacional, tuvo numerosas iniciativas dedicadas a divulgarla y estimularla por medio de seminarios, talleres, premios y revistas especializadas.

Bravo-Villasante nunca consideró que los libros para niños fueran un género literario menor, sino una de las ramas más florecientes y con más espléndidos frutos del frondoso árbol de la gran literatura, en la que lo único que variaba era el lector. Y esto ha sido así hasta el punto que el público adulto ha estimado como propiamente suyas las obras clásicas de la literatura infantil. «Cuando se piensa que [buena] parte de la vida de un hombre pertenece a la infancia y a la juventud, no es posible desdeñar -decía- la existencia de la literatura infantil y juvenil, y más cuando esa literatura ha producido ya obras maestras, o ha determinado corrientes culturales de enorme interés».


Adelantándose a su tiempo, esta erudita mujer abogó por la idoneidad de aquel tipo de lecturas con el fin de fomentar la imaginación y la emotividad del menor. Por contener estos libros una pluralidad de niveles existenciales y significados culturales, enriquecen la vida del joven mucho más de lo que pudiera hacerlo cualquier otro libro, pues, al tiempo que le divierten, le aclaran su propia personalidad y favorecen su desarrollo. El instinto vital y literario de Carmen Bravo le permitió anticipar la importancia concedida en nuestros días a esta literatura por parte de profesionales de diferentes ámbitos, como escritores, artistas, editores, bibliotecarios, educadores, psicólogos...

En un mundo convulso como el presente, en el que a la vulnerabilidad propia de la infancia se añade -especialmente en los casos de mayor fragilidad- la derivada de los conflictos familiares, la desigualdad social y las dificultades económicas, será bueno contribuir a reforzar el desarrollo del menor y protegerlo -por todos los medios posibles- contra cualquier forma de abandono, crueldad y explotación. El acceso a la educación es herramienta imprescindible en ese proceso de atención y mejora de la infancia. Sin ella y sin la habilidad lectora que la sustenta y conforma no pueden darse las necesarias condiciones de dignidad que todo niño precisa. En las celebraciones onomásticas, de cumpleaños, de Navidad y Reyes, de finalización del curso escolar o cualquier otra en la que los pequeños adquieran un especial protagonismo -e incluso sin él: sólo porque sí-, será siempre un acierto obsequiarles con libros adecuados. Sin duda alguna, con ellos se da un paso firme en la orientación del desarrollo actual de las capacidades del niño y en la preparación de su futura vida como adulto responsable.

​http://www.lasprovincias.es/comunitat/opinion/201703/11/remedio-literatura-infantil-juvenil-20170311010043-v.html​

miércoles, 8 de marzo de 2017

miércoles, 22 de febrero de 2017

Muliñandupelicascaripluma (EL BOSQUE AZUL) de Constancio C. Vigil


Cuentan que todos los animales que están en el mundo entraron por las tres puertas que había en un principio. Por una puerta pasaron los que andan por el agua; por otra, los que vuelan, y por otra, los que viven en la tierra.

Por esta última puerta pasaron, antes que todos, el elefante, el león, el tigre y el oso y la cerraron, para que nadie se colara sin permiso.

Uno de ellos, por turno, era portero. Y los otros animales que iban llegando tenían que explicar qué servicios le darían al mundo. Si no servían para nada, no los dejaban entrar.

Aceptaron enseguida al mono, porque quería ser portero. Y también entraron muchos otros animales, después de explicar cada uno qué sabía hacer.

Los más chiquitos, como el piojo, la pulga y el mosquito se colaron en este mundo de contrabando, escondidos en el pelaje de animales más grandes.

Cuando ya fueron muchos, buscaron un lugar donde reunirse a conversar eligieron el Bosque Azul.

Allí discutían todos los temas que les interesaban, y lo que decidían era ley para todos.

Un día llegó a la puerta de los animales terrestres uno que tenía cuatro patas escamosas, una cola larga con plumas blancas y negras, pico chato y ojos grandes. En la barriga tenia plumas y en el lomo un caparazón.

Este animal tan raro golpeó la puerta y esperó a que le abrieran.

El elefante preguntó:

—¿Tu nombre?

—Muliñandupelicascaripluma.

—¿Cómo? No entiendo. Escríbelo, por favor.

—No sé escribir.

—Ah… ¿y quieres entrar en el mundo?

—Para eso vine.

—¿Sabes que aquí todos trabajan y que es necesario servir de alguna forma?

—Si tú lo dices, así será.

—Veo que no tienes trompa. ¿Cómo haces para comer?

—Como puedo.

—¿Y qué es lo que comes?

—Lo que venga.

El elefante consideró que el caso era demasiado complicado y llamó al león, al que todos habían elegido presidente de la asamblea de los animales.

El león preguntó:

—¿Qué servicios nos prestarás?

—Los que me toquen.

Al león también le pareció complicado el asunto, así que llamó al mono, quien ya había conseguido que el león lo nombrara su secretario para las reuniones en el Bosque Azul.

Vino el mono, miró a ese bicho tan raro y le preguntó:

—¿Comes bananas?

—Si es algo bueno…

—¿Te gustan los cocos?

—Dame uno para probarlo.

—¿Sabes abrirlos?

—Dámelos abiertos.

—¡Este quiere engañarnos! —exclamó el mono.

El león rugió y el extraño animal que quería entrar dijo, asustado:

—Los servicios que prestaré serán muy grandes. Para alimentarme libraré al mundo del animal más inútil.

—Por ahí deberías haber empezado —dijo el león—. Vamos a estudiar tu caso. Quédate afuera y espera nuestra decisión.

A la noche, los animales se reunieron en el Bosque Azul.

El mono se puso los lentes y leyó:

—Vamos hablar del Muli…. ñandú… peli… cascari… pluma.

En seguida se oyeron risas y silbidos.

Pidió la palabra el tigre y dijo:

—Yo no puedo creer que exista un animal con semejante nombre. Me parece que se burla de nosotros.

—¡Silencio! —rugió el león—. Que el secretario vuelva a leer el nombre del candidato.

Así lo hizo el mono y esta vez nadie se atrevió a chistar.

El hipopótamo pidió entonces la palabra y dijo:

—Propongo que se acorte ese nombre.

—Yo le sacaría eso de “pluma” —opinó el lobo—. No sirve más que para confundir.

—Yo pido que se le saque lo de “cáscara” —dijo el zorro.

—Y yo, “dupeli” —agregó el tigre.

Entonces dijo el león:

—Que el secretario lea el nombre final.

Y leyó el mono:

—Muliñán.

—Suena bien —dijo el hipopótamo—. Mu-li-ñán…Mu-li-ñán

—Ahora —continuó el león— hay que resolver si se le permite o no la entrada. Él asegura librará al mundo del animal más inútil, pues se alimentará de él.

—Pido la palabra —intervino el búho—. Para entrar en el mundo todos demostramos nuestra utilidad. El Muliñán tiene que explicarse. ¡Aquí todos servimos para algo!

—Puede haber habido algún error —observó el cóndor—. El señor búho, por ejemplo, todavía no se sabe para qué sirve.

—Sirvo —respondió el búho— para comer muchos bicharracos que hacen daño. Yo no ataco, como algunos, a las aves más hermosas y más buenas.

—Pido la palabra —rebuznó el burro—. Propongo que se lo destine a reemplazarnos en nuestros trabajos. ¿Por qué tenemos que cargar cosas pesadas?…

—Quisiera saber —preguntó la martineta— cuáles serían entonces los servicios que prestaría el burro.

—Me dedicaría a la música. Creo que mis rebuznos son una prueba de talento para el arte.

El león pidió silencio, y le dio la palabra al oso hormiguero, que dijo:

—¡Dejemos al burro y sus rebuznos y pensemos en el Muliñán!

El león concedió la palabra al elefante, que dijo:

—Voto por dejar entrar al Muliñán. Propongo que se dedique a perseguir y comer a los ratones.

—¡Qué disparate! —dijo el búho—. El elefante olvida que ya existimos los encargados de comernos a los ratones.

—Propongo —dijo el lobo— que nos vayamos a dormir y que, con más calma, mañana por la noche terminemos de considerar esta cuestión.

A la noche siguiente, al empezar la asamblea, el tigre exclamó:

—¡Señor presidente! La asamblea se ha reunido nada más que para resolver si entra o no el Muliñán.

—¡Señor presidente! —añadió el leopardo con tono llorón—. ¡Me preocupa la situación de ese animal que quiere entrar! Hablamos y hablamos sin resolver nada. ¡Se va a morir de hambre!

Y la pantera lloraba a lágrimas viva, mientras decía:

—¡Pobrecito Muliñán!… ¡Esperando tanto tiempo!… ¡Y no se decide nada!

El benteveo pidió la palabra:

—Estoy conforme con que el Muliñán entre y se alimente de lo más inútil del mundo. Yo creo que lo más inútil es lo más feo, y lo más feo es el murciélago.

—El murciélago, señores —mugió el búfalo— es un animal muy útil. Durante las noches, caza sin descanso una cantidad de bichitos odiosos que luego molestan durante el día. Yo propongo que el Muliñán se alimente de tábanos.

—Si seguimos así —interrumpió el zorro—, nunca llegaremos a una solución.

El búfalo no ha calculado los millares de tábanos diarios que necesitaría el Muliñán para alimentarse.

El elefante se acercó al presidente y le habló al oído. Cuando se retiró, el león dijo:

—El elefante ha venido a anunciarme que Muliñán nos pide una respuesta.

Hubo un instante de silencio, y luego una batahola de bufidos, cacareos y silbidos.

—Pido la palabra —gritó el pavo—. ¡Nuestra situación es intolerable, nos rellenan y nos comen! ¡Propongo que el Muliñán sirva para eso: que lo engorden, y lo metan en el horno y se lo coman en Navidad!

Sus palabras provocaron fuertes carcajadas.

La nutria opinó:

—Nunca oí una pavada más grande que la que acaba de decir el pavo. ¡Hasta el lirón se ha despertado con tanta risa!

La comadreja pidió la palabra y dijo:

—Propongo que aceptemos al Muliñán, con la condición de que coma lo más inútil, que son las víboras y las serpientes.

—¡Qué disparate! —exclamó la perdiz—. Víboras y serpientes se alimentan de ratas y ratones que devoran las cosechas.

—Los más inútiles —señaló el cóndor— son los buitres y los caranchos, esas desagradables aves de rapiña.

—¡Apoyado! —exclamó el águila.

—Sin embargo —replicó el ciervo—, limpian el campo al alimentarse de los animales muertos.

—¡Los inútiles son ellos! —afirmó el carancho, mirando al cóndor y al águila con desprecio.

—Los inútiles —chilló la ardilla— son los peces. Imposible comerlos… ¡No sirven para nada!

—¡Y qué sabes tú sobre peces! —le contestó la gaviota.

—¡Señores —dijo el lobo—, no perdamos tanto tiempo. Lo único inútil es lo que está debajo de la tierra.

—¡Que el Muliñán se alimente de lombrices!

—¡Que salga la lombriz! ¡Que hable y se defienda! —ordenó el león.

Ante la sorpresa de todos, la humilde lombriz se asomó a la superficie de la tierra y dijo:

—¿Ustedes dicen que yo no sirvo para nada? Si estoy aquí es porque soy necesaria, quizá más que ningún otro de los animales.

Las risas, cacareos, chillidos y rebuznos obligaron a la lombriz a suspender su discurso.

Cuando se callaron continuó:

—Debería darles vergüenza: ¡Todos ustedes viven gracias a nosotras!

—Vamos, vamos —replicó el lobo—. ¡Hay que hablar claro!

—¡Silencio! –rugió el león.

Todos callaron y la lombriz continuó:

—Si la tierra no está en buenas condiciones, no pueden existir los vegetales, y tampoco los animales. ¿Y quiénes son las encargadas de trabajar la tierra para que sea fértil? Somos nosotras las que renovamos la tierra trabajando día y noche. Excavamos, ventilamos y purificamos. Sin nosotras, el suelo sería reseco y duro. Por eso somos tan numerosas, para que en la tierra exista vida.

—Recibimos una lección de quien está tan abajo, tan abajo que ni sabía yo que existía —dijo el cóndor.

—¡Con todo mi poder, yo sería incapaz de realizar la tarea de la lombriz! —exclamó el león.

—¡Un aplauso, señores, por estas palabras! Los más pequeños también somos importantes —zumbó el mosquito.

—¡Alto ahí! —gritó el mono secretario—. Ese no tiene derecho a opinar. ¡Es de los que se colaron!

Pero el mosquito, al oír las primeras palabras del mono, ya se había escapado.

—¡Lo que dijo la lombriz —añadió el cascarudo— debe servir para que se nos tenga más consideración a los humildes y no seamos pisoteados por los grandes.

—Ya ven —agregó la golondrina— que todos los seres son de alguna utilidad. Los mosquitos se colaron en el mundo, pero nosotras nos alimentamos de ellos durante el día y los murciélagos los comen de noche.

—Es muy útil que alguien se coma los mosquitos y los tábanos —dijo la cebra.

—Este desorden es intolerable —exclamó el tigre.

—¡Señores! Lo mejor será que votemos por sí o por no. ¡Que el secretario junte los votos! —decidió el león.

Así lo hizo el mono secretario, pero era tan grande la batahola, que era imposible saber qué opinaba la mayoría. Algunos, muy astutos, habían votado dos veces. Otros, como los murciélagos, hacían ruidos que nadie entendía.

Ante la confusión, el león resolvió darle tiempo al Muliñán para que pensara en qué podría ser útil y de qué se alimentaría.

Dicen que, cada tanto, los animales vuelven a reunirse en el Bosque Azul. Pero todavía no pudieron tomar una decisión sobre el Muliñán. Por eso, ese raro animal aún no ha entrado en el mundo.

FIN

miércoles, 21 de enero de 2015

X Congreso Internacional ANILIJ 2015

"Recordad que cada vez está más cerca nuestro X Congreso Internacional ANILIJ 2015 que tendrá lugar en la ciudad de Vigo los días 23 y 24 de abril. Tenéis toda la información en español e inglés, así como los formularios de inscripción y demás documentos necesarios, en el blog que hemos creado específicamente para el evento y que podéis visitar en



https://xcongresointernacionalanilij.wordpress.com

domingo, 26 de octubre de 2014

Me gustaría ser ahora esa escritora

Por Enrique Pérez Díaz
cultura@juventudrebelde.cu
25 de Octubre del 2014 19:19:11 CDT




Cuando se acerca a su octava década de vida Nersys Felipe, la mujer que hace años inmortalizó su terruño con unos cuentos que han hecho suyos varias generaciones de lectores; quien sueña con ser recordada como una mamiabuela; la señora que hilvana historias para hacer que nuestra alma lata conmovida y nosotros creamos en el mejoramiento humano; esa persona sencilla que este año venció su timidez y se asomó a Cuba toda durante la Feria Internacional del Libro 2014, nos confiesa en esta entrevista la génesis de su última novela, Premio de la Crítica 2014, y el susto por ser reconocida de manera especial en el Premio Iberoamericano SM de Literatura Infantil y Juvenil (por «su destacada trayectoria, por su protagonismo en la renovación de la literatura infantil iberoamericana, por la belleza y el uso poético del lenguaje y por el humanismo y la universalidad de sus obras»), que ha sido recibido por importantes autores como Juan Farias (2005), Gloria Cecilia Díaz (2006), Montserrat del Amo y Gili (2007), Bartolomeu Campos de Queirós (2008), María Teresa Andruetto (2009), Laura Devetach (2010), Agustín Fernández Paz (2011), Ana María Machado (2012), Jordi Sierra Fabra (2013) y ahora Ivar Da Coll en el 2014. Y así, mientras desteje memorias, también nos da algunas claves de su creación y amor por las figuras patrias, su esencia y lugar en el mundo.

—Es reciente la noticia de que, nominada por el Instituto Cubano del Libro a través de su editorial Gente Nueva, el jurado del Premio Iberoamericano SM de LIJ te confirió un reconocimiento especial. ¿Qué trascendencia le ves al hecho de ser la primera cubana en conseguirlo?

—Esta distinción me sobrepasa, «si acaso me leerán», así me decía cada vez que recordaba que mis libros andaban por México. Por eso valoro tanto este reconocimiento y me honran las palabras que lo fundamentan. Me postularon gustosos el Instituto Cubano del Libro y la Editorial Gente Nueva. Mi obra viajó para ser juzgada, la valoraron bien y nadie salió decepcionado. Sin esa iniciativa, sin esa confianza, no habría sido yo la primera cubana en recibir este reconocimiento. Eso no lo sabía. Hoy lo supe por ti. Y siento que ha sido bueno para la literatura infantil y juvenil cubana.

—Pepe y la Chata es tu más nuevo libro publicado. Aunque en tu obra la crítica ha reconocido un innegable aire martiano, ¿qué te motivó a abordar la infancia de José Martí y sus hermanas, especialmente la Chata? ¿Cómo lograste alternar investigación histórica y sentimientos? ¿Qué significa para ti recibir el Premio Nacional de la Crítica Literaria precisamente por esta obra? ¿Abordarías, motivada por la buena acogida de este libro, a otra figura histórica en el futuro?

—Me lo vas a creer porque eres escritor. Fueron las torrejas las que me llevaron a Pepe y la Chata. Las hacía mi abuela, las hizo mi madre, las hago yo. Forman parte de mi vida y un día las recreé: la dulcera, Leonor Pérez; los comensales, dos niños, sus hijos mayores, un varón y una hembra. Seguro yo había estado leyendo a Martí, lo recreado se llamó Las torrejas, y porque en la escritura un sucedido lleva a otro, aquel cuento no paró hasta convertirse en novela, y mientras se convertía, la Chata se perfilaba e iba y venía cariñosa, irreverente y parejera.

«Para aprehender y poder mostrar a una Chata así, y a un Pepe auténtico y entrañable, investigué, leí los cuentos y los poemas de La Edad de Oro, los Versos sencillos, cartas, muchas cartas, supe de la época, solo pensaba en la familia Martí Pérez y acabé mudándome para Industria 32. Allí entendí a Mariano y me solidaricé con Leonor, le di a Pepe un amigo, le di su primer amor, y no sé qué más decirte.

«Lo que investigas te mueve, quedas prendada de lo que investigas, prendada sin remedio, y descubres sentimientos, y nacen en ti otros, y eso es así. Para hacer creíble a Pepe, lo pensé niño y vivió, como cualquier niño de familia humilde, en La Habana del siglo XIX. Pude lograrlo porque investigué y leí, porque dentro mío alentaba Martí, y porque conozco a los niños por mi condición de maestra-madre-abuela. Ah, y por lo mucho que trabajé con ideas, sentimientos y palabras.

«Pienso y me digo: “no fue fácil”, pienso más y agrego: “pero me hizo feliz”. Y te cuento, Enrique: cuando escuché por teléfono que Pepe y la Chata había merecido el Premio Nacional de la Crítica, mi día estaba nublado, con la noticia fue aclarándose, enteré a la familia, a los amigos, y me amigué con la vida. ¿Qué marca en mí esta obra? La certeza de que pude. Y en cuanto a si abordaría otra figura histórica, ahora mismo saldría en busca de El Mayor. Quisiera, Enrique, pero no puedo. Y no sabes cuánto me entristece no poder».

—Este parece haber sido un año importante profesionalmente, pues el hecho de que se reimprimiera buena parte de tu obra y apareciera tu última novela con motivo de la FIL 2014, marca un hito en tu vida. ¿Cómo te sentiste con esa Feria pensada para ti y Rolando, por primera vez dedicada en parte a una autora para la infancia? ¿Qué experiencias guardas de tu recorrido por Cuba? ¿Quisieras enviar un mensaje al pueblo de esta Isla que tuviste oportunidad de visitar?

—Sí, lo ha sido, y en la Feria me sentí como llevada en carroza, de palacio en palacio y con un acompañamiento de lujo: Rolando Rodríguez, profesional talentoso y gentilhombre; mi hijo Gabriel, queriéndome porque sí y devenido fotógrafo; y tú, Enriquito, más que colega, amigo-hermano. Y con ustedes la alegría de los que en Cuba creamos para los niños y los jóvenes y que hicieron suyo mi premio y conmigo lo disfrutaron. Y la gente, Enrique, la gente recibiéndome de Pinar a Santiago y dándome lo mejor para que me sintiera como en casa. Siempre, si es valioso, el ser humano es lo mejor. Y qué decir de los niños; a dondequiera que llegábamos, canciones, flores, mensajes, dibujos, y mirándome con ojos de «¡sí, es ella!» o de «¡pero si es igualita a mi bisabuela!». Cuántos obsequios y reconocimientos, cuánta palabra linda y sentida, sentida hasta las lágrimas. Nunca acabaré de agradecerlo.

—¿La joven Nersys Felipe que hace casi 40 años se presentó por primera vez al Premio Casa de las Américas con su libro iniciático Cuentos de Guane, pudo imaginar convertirse en una de las autoras más queridas de los lectores cubanos? ¿Podemos esperar otras obras tuyas? ¿Trabajas en algún proyecto actualmente?

—No, Enrique, qué va, era imposible imaginarlo en aquel entonces. De un tiempo acá, sí. Y hoy tú lo corroboras. Una escribe, recibe reconocimientos, recibe premios, este de ser tan leída y querida es uno de los mejores. ¿Y cómo lo recibo?, pues sentada a mi compu, respondiendo tu entrevista y de manos de un jurado que no se reúne ni discute para premiar porque juzga cada día, de año en año, por muchos años y mientras lee. Premio callado. Premio que requiere, de sus posibles premiados, trabajo sostenido, constante superación y toda la paciencia de este mundo. Soy dichosa, me leen, me quieren, y ojalá pudiera anunciarle aquí a mi público un nuevo título. Pero no puedo, Enrique.

—¿Cómo se aprecia la creación personal cuando uno ha recorrido un camino como el tuyo y muchos confiesan ser sus deudores por cuanto les enseñaste con tus obras?

—La aprecio como un don, pero no mágico sino alcanzado luego de más de 40 años de trabajo animoso e incansable y también como un magisterio si en verdad muchos se han sentido mis alumnos luego de leer algún libro mío. Aprendí mucho así, y aún sigo aprendiendo de los mejores, y de mis errores.

—¿Existe alguna palabra que te defina como ser humano y con la cual quisieras ser recordada siempre?

—Mamiabuela.

—¿Algo más que agregar?

—Solo darte las gracias por esta entrevista.

—Si no fueras Nersys Felipe, ¿te hubiera gustado ser otro escritor?

—Me gustaría ser ahora una escritora sensible, imaginativa, curiosa y capaz de maravillarse ante lo más sencillo; lectora en activo, estudiosa, averiguadora y de vista fresca y sana; dueña de un almacén de temas e ideas y capaz de escribir dos textos a la par, y de escribirlos bien.

«Me gustaría ser ahora una escritora andarina, de huesos sin crujidos, sin dolores, preocupada por el mundo en que vive y por la tierra en que nació; una sincera, paciente, trabajadora, dispuesta a asimilar lo mejor de los demás y a recordar que nunca acabará de aprender. Me gustaría ser ahora esa escritora. Anda por ahí. Y no tiene nombre».

Poesía de... Nersys Felipe Profesora, poetisa y narradora cubana. Varias generaciones se han formado con sus Cuentos de Guane. Ha obtenido en dos ocasiones el Premio Casa de las Américas y es también Premio Nacional de Literatura. El próximo noviembre la Feria Internacional del Libro de Guadalajara le entregará un importante reconocimiento.

Plan de viaje hallado dentro de un corazón

Cumplimiento: urgente.

Quién lo mueve: la nostalgia.

Estancia: treinta días.

Salida: hoy mismo.

Arribo: también hoy.

Destino: una niña llamada Cecilia.

Travesía: por un ancho y profundo mar.

Embarcación: inaufragable.

Derrotero: recto al norte, sorteando aviesas corrientes,

y a cargo de la brújula y del bregar de a bordo,

Sapito y Sapón.

Motivos del viaje:

Verla.

Besarla.

Mirarme en sus ojos y escuchar su voz.

Darle una bandera.

Un pozuelo de torrejas.

Y en cuatro posturitas de mariposa blanca, mi alma

y la fragancia de Cuba abierta en flor.

http://www.juventudrebelde.cu/suplementos/el-tintero/poesia/2014-10-25/me-gustaria-ser-ahora-esa-escritora/